viernes, 21 de marzo de 2014

Fragmento de "El Principe de Bórdovar 2" Saga "Ocaso y Amanecer"



—Ven, es necesario que te muestre algo, quiero ser totalmente honesto contigo.
Buscó en un pequeño alhajero que estaba en la gaveta de una mesa pequeña, una llave antigua y abrió uno de los baúles, su contenido me estremeció;
—Sé que conoces los libros y como te dije, no terminé de leerlos, pero no es esto lo que quiero mostrarte.
Reconocí los libros de Sade y comencé a ponerme nerviosa, sólo esperaba que Loui no llegara al extremo. Debajo de los libros había una caja de cartoncillo forrada de seda negra y cuando Loui la sacó, me mostró su contenido;
—No sé si los has visto así que no quiero que te vayas a asustar, los adquirí… por una sugerencia y para ver si… me servían.
—Son revistas Play…
—No. —Se apresuró a decir—. Tranquila, mira con detenimiento.
Nos sentamos en la alfombra y obedecí curiosa, a simple vista parecían panfletos, dibujos satíricos con escenas cotidianas del siglo XVIII hechos a mano pero… ¿Eróticos? Eran muy, muy eróticos, tanto que sentí cómo inconscientemente la temperatura comenzaba a elevarse en mí, al mismo tiempo que algunas me parecían grotescas. Intenté observar sin que Loui me notara extraña, pero era obvia y aunque fruncía el ceño en algunas escenas que no entendía, otras eran muy claras, más que claras;
—¿Buscabas encontrar placer con esto? —Pregunté después de un momento.
—Los adquirí en Francia después de unas conferencias sobre educación sexual y erotismo, intentaba encontrar una respuesta a mi problema y aunque las imágenes que nos mostraron eran a través de un proyector en una gran pantalla, también nos orientaron a cómo se podían tener acceso a ellas si se deseaba tener una colección privada, en mi caso yo preferí replicas de originales. Son basadas en el siglo XVIII pero son copias hechas en la mitad del siglo XIX.
—¡Igual son una antigüedad! —No podía creer que esos panfletos eran auténticos.
Sí.
—Pero según tú… —comencé de decir apenada—. ¿Tampoco esto?
—Las compré para nada y han estado guardadas, pero no quise que casualmente algún día las encontraras y pensaras que te había mentido, quise ser honesto y mostrártelas.
Lo miré sonriendo y le di un sonado beso en la mejilla, me sentía muy orgullosa de él. En mis clases de historia había visto algunas escenas así pero no tan al extremo, los panfletos de Loui los superaban exageradamente, eran muy explícitos. Parejas de amantes teniendo relaciones abiertamente y sin pudor en algunos jardines, ella tocando el miembro erecto de él y él a su vez tocándola a ella, otros dibujos eran peor, se miraba claramente el sexo oral y en grupos, eso si me pareció grotesco. Otra escena, era de ella con sus pechos y trasero expuestos apoyada en un piano con la piernas abiertas mientras él la acariciaba y buscaba penetrarla, en otra, estaba una pareja en un sofá ella también de piernas abiertas de espaldas a él y mientras ella tocaba la erección de él masturbándolo, él hacía lo mismo con ella. Los dibujos no mostraban a las parejas completamente desnudas pero sí sus partes íntimas, era una muestra de lo que fueron los relatos eróticos en el siglo XVIII pero en lo personal me excitaron y teniendo a Loui tan cerca, hablándome en su perfecto francés para traducirme algunas cosas, quise recrear algunas de las benditas escenas. Su acento me hacía tragar en seco y saborearme;
—No los necesité antes y menos ahora —dijo sacándome de mis pecaminosos pensamientos y rompiendo uno de ellos.
—¡¿Qué haces?! —Pregunté sorprendida.
—Voy a deshacerme de ellos —contestó mirándome desconcertado.
—¡No! —Insistí.
Loui me miró sin poder creerlo;
—¿Por qué no?
—¿Y lo preguntas? Son una antigüedad.
—¿Y?
—¿Cómo que y? No los rompas, si quieres véndelos, dónalos o lo que sea, pero no los rompas.
Me miró muy sonriente levantando una ceja;
—¿Te gustan?
—No se trata de eso —contesté disimulando—. Como sea son antigüedades y valen mucho, no sólo económicamente sino por lo que son.
—¿Segura? —Insistió acercándose a mí y haciendo que me acostara en la alfombra.
Piensa lo que quieras —conteste evitando el nerviosismo—. Está bien, si te apetece rómpelos, no me importa.
—Eres especialista en arte… —continuó mientras sutilmente se colocaba encima de mí y comenzaba a levantar mi pierna sintiendo las medias que lo volvían loco—. Y como buena profesional, eres conocedora y te duele que algo le pase a una antigüedad, en este caso, a algo tan simple como lo son estos papeles.
“Al menos rompió la escena de la orgía” —pensé aliviada.
—Por lo menos rompiste la escena de una orgía, no se perdió gran cosa —dije mostrándome desinteresada. Él sonrió.
—Tienes razón, soy un niño malo y no me gusta compartir lo mío.
—Igual yo, soy muy egoísta y lo mío es mío y de nadie más.
Me besó con fuerza, su lengua jugaba con la mía y su pulgar ya acariciaba en círculos mi monte Venus a través del panty;
—Loui, ¿Qué haces? —Pregunté ante la sacudida que me provocó.
—Cumpliendo otra fantasía. Desde que te conocí, quise hacerte el amor aquí.
Sabía que me iba a decir eso y la idea me gustó, pero como ya me sentía extremadamente excitada quise hacerlo a mi manera;
—¿De verdad?
—Aja… —musitó mientras besaba mi cuello.
—En ese caso lo haremos a mi manera —le dije sujetándolo y llevándolo a uno de sus muebles antiguos. Lo senté en un sofá, íbamos a recrear una de las escenas.
—Amor mío, ¿Qué haces? —Preguntó encontrando la respiración.
—Vamos a jugar —contesté mientras me hincaba en medio de sus piernas y comenzaba a liberar su erección ante su mirada de desconcierto—. Madame Waldemberg quiere que su precioso y perfecto amante la haga vibrar y la lleve al límite del cielo.
Su mirada deseosa se oscureció de nuevo en señal de complacencia y mientras yo comenzaba a saborearme, él se inclinó a mí para buscar mi boca y a la vez abrazarme y abrir el cierre de mi vestido;
Mon amour, mon grand amour —susurró cálidamente en mi oído a la vez que acariciaba y besaba la piel de mis hombros. Sentí derretirme ante él—. Prometo llevarte más allá de eso, hasta el infinito, el universo es sólo nuestro.
—¿Comenzamos? —dije mientras deseosa lo reclinaba de nuevo en el sofá e introducía en mi boca el objeto de mi deseo.
***** 

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